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Se trata, en definitiva, de extender en la Unión Europea y sin perjuicio de la potencial ampliación de este modelo, del concepto de la ciudadanía de la Unión no sólo a aspectos económicos o sociales sino también establecer una equiparación uniforme en la educación, en este caso, superior. La polémica levantada en este proceso en ejecución pone de manifiesto precisamente la relevancia de lo que se pretende y del hecho de que la formación universitaria marca claramente el sentido de la preparación y por tanto de la capacidad de los jóvenes de hoy para liderar nuestro mundo del mañana. Los Abogados del Estado no pueden permanecer ajenos a esa realidad, sin nuestra formación universitaria reforzada por los años de oposición no cabría pretender ejercer nuestra profesión con cotas adecuadas de excelencia y de calidad. La formación universitaria forma parte del acervo que a diario se expone y se desarrolla en el recto cumplimiento de nuestra función ya que es la semilla de cualquier trabajo profesional cualificado. Tener interés en este proceso, seguirlo y desear de los responsables públicos, cuya implantación les compete, el pleno acierto en tan difícil y polémica labor, es tarea de cualquier ciudadano con la inquietud de querer garantizar un futuro mejor y en nuestro caso, gracias a nuestra función de asesoramiento jurídico, constituye además un trabajo esencial para el éxito del proceso." ["fecha"]=> string(10) "2009-03-26" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "720" ["imagen"]=> string(14) "1256208147.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [1]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "25" ["descripcion"]=> string(24) "octubre a diciembre 2008" ["numero"]=> string(2) "23" ["pdf"]=> string(14) "revista_25.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(45) "30 años de nuestra Constitución" ["noticia"]=> string(2625) "Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución Española de 1978. Tenemos el honor de que varios “padres” de la Constitución se asomen a nuestra Revista para, con la perspectiva del tiempo, volver a mirarla con la experiencia de los años, de las décadas ya pasadas.

Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

Nada puede ser más importante para un pueblo soberano como ver que su voluntad es plasmada en una norma que se erige como fuente de toda Ley y directriz de todo poder, traduciéndose en una norma al alcance de todos el acto constitucional y fundacional de un Estado. Nuestra Constitución de 1978 permite que en España haya un instrumento que nos garantice a todos los ciudadanos tener confianza en nuestro futuro, da seguridad al hecho de que necesariamente ese futuro será común y es la herramienta que confirma que nuestro destino será fruto de la manifestación de nuestra voluntad democrática.

Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [2]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

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Son varias las tareas que impulsar aunque entre ellas esta especialmente la referida a una mejor organización y funcionamiento de la gestión de los asuntos. Hay medidas que tienen un contenido eminentemente presupuestario pero hay otras que dependen mucho de la voluntad y el compromiso reforzado de quienes participan de una función tan honrosa como es hacer justicia en el ejercicio de la tutela judicial.

Sus varios los agentes que están llamados a reforzar su compromiso por este reto. Desde el Parlamento al CGPJ, por aludir a dos instituciones representativas de poderes del Estado, a otras instancias diversas como Colegios Profesionales, Asociaciones de grupos corporativos, etc.

Pero el principal, además de los ejecutivos autonómicos con competencias en la materia, ha de ser el gobierno de la nación. El Ministerio de Justicia tiene por delante un relevante reto. Para ello, debe impulsar sus propias decisiones con el respaldo de todo el gobierno. Pero, previamente a ello, debe ser receptor de cuantas sugerencias y propuestas que enfocadas por el interés general, más que por los corporativos, lleguen desde diversas instancias.

La Abogacía del Estado tiene un papel relevante que desempeñar. Con más de 130.000 asuntos judiciales vivos en los que somos parte procesal, se está en magníficas condiciones de tener una percepción clara de cómo abordar reformas en esta materia. Desde la lealtad al Estado, los profesionales que integran la Abogacía del Estado están a disposición absoluta en colaborar con el Ministerio de Justicia para que esta prioridad se convierta en una realidad.
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Edmundo Bal gana, en ajustada votación, dicho cargo, en competencia con Luis Tena. Pugna leal entre compañeros y caballeros que pone en valor el difícil encargo de presidir esta Institución. Los medios de comunicación dan cuenta de la noticia profusamente, aunque, en ocasiones, con términos desacertados.

Dos días después, España vota nuevas Cortes y el PSOE gana las elecciones. El día en que esto se escribe, nada se sabe sobre si permanecerá en su puesto el actual Ministro de Justicia y si nuestro Director continuará o no en el cargo.

El Cuerpo de Abogados del Estado, en todo caso, consolida una vez más su indiscutida vocación de servicio, como apoyo jurídico del Gobierno salido de las urnas, realizando su función con independencia de criterio y fielmente, con la máxima preparación y completa dedicación y con absoluto sentido de Estado.

Despedimos a Carlos Matías, director de nuestra revista desde su nacimiento y tras 4 años de colaboración. Desde este editorial no podemos por menos que agradecerle el esfuerzo y la dedicación, los servicios prestados y el desarrollo de su competencia técnica en una materia en la que todos éramos profanos.

Damos la bienvenida a la empresa Art Factory, con Fernando Menéndez a la cabeza, creadores de nuestra página web y del DVD conmemorativo del 125 Aniversario de la creación del Cuerpo de Abogados del Estado, deseándoles lo mejor en esta nueva aventura conjunta.

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Número 24
enero a marzo 2009 El EEES, una realidad inminente

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Número 23
octubre a diciembre 2008 30 años de nuestra Constitución

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Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [2]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

Los agentes sociales, los políticos, los medios de comunicación, los círculos intelectuales, incluso los ciudadanos de a pie, tratan de descifrar, entre las toneladas de información que reciben, las claves necesarias para entender lo que está sucediendo en la economía, las medidas extraordinarias que están tomando los gobiernos, y las líneas maestras que regirán el concierto económico internacional en el futuro. Hasta el momento, sólo existe una conclusión compartida: nada será igual. Entender lo demás parece, de momento, fuera de nuestro alcance. Es muy probable que de las causas de la situación presente, y de la actuación correcta en estos casos, se siga escribiendo durante décadas, seguramente desde posiciones antagónicas. Tratar, por tanto, de teorizar sobre este asunto, es hoy en día una tarea arriesgadísima.

Sí es necesario, por lógica de supervivencia, atender a las cuestiones prácticas que la situación suscita. Es innegable que los gobiernos más poderosos del mundo están implicándose absolutamente en la resolución de la crisis. Es decir, el Estado, aunque algunos pretenden que sea de forma pasajera, está adoptando medidas
y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Son varias las tareas que impulsar aunque entre ellas esta especialmente la referida a una mejor organización y funcionamiento de la gestión de los asuntos. Hay medidas que tienen un contenido eminentemente presupuestario pero hay otras que dependen mucho de la voluntad y el compromiso reforzado de quienes participan de una función tan honrosa como es hacer justicia en el ejercicio de la tutela judicial.

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Pero el principal, además de los ejecutivos autonómicos con competencias en la materia, ha de ser el gobierno de la nación. El Ministerio de Justicia tiene por delante un relevante reto. Para ello, debe impulsar sus propias decisiones con el respaldo de todo el gobierno. Pero, previamente a ello, debe ser receptor de cuantas sugerencias y propuestas que enfocadas por el interés general, más que por los corporativos, lleguen desde diversas instancias.

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Edmundo Bal gana, en ajustada votación, dicho cargo, en competencia con Luis Tena. Pugna leal entre compañeros y caballeros que pone en valor el difícil encargo de presidir esta Institución. Los medios de comunicación dan cuenta de la noticia profusamente, aunque, en ocasiones, con términos desacertados.

Dos días después, España vota nuevas Cortes y el PSOE gana las elecciones. El día en que esto se escribe, nada se sabe sobre si permanecerá en su puesto el actual Ministro de Justicia y si nuestro Director continuará o no en el cargo.

El Cuerpo de Abogados del Estado, en todo caso, consolida una vez más su indiscutida vocación de servicio, como apoyo jurídico del Gobierno salido de las urnas, realizando su función con independencia de criterio y fielmente, con la máxima preparación y completa dedicación y con absoluto sentido de Estado.

Despedimos a Carlos Matías, director de nuestra revista desde su nacimiento y tras 4 años de colaboración. Desde este editorial no podemos por menos que agradecerle el esfuerzo y la dedicación, los servicios prestados y el desarrollo de su competencia técnica en una materia en la que todos éramos profanos.

Damos la bienvenida a la empresa Art Factory, con Fernando Menéndez a la cabeza, creadores de nuestra página web y del DVD conmemorativo del 125 Aniversario de la creación del Cuerpo de Abogados del Estado, deseándoles lo mejor en esta nueva aventura conjunta.

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Número 22
julio a septiembre 2008 Tiempo de crisis

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Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [2]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

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Sí es necesario, por lógica de supervivencia, atender a las cuestiones prácticas que la situación suscita. Es innegable que los gobiernos más poderosos del mundo están implicándose absolutamente en la resolución de la crisis. Es decir, el Estado, aunque algunos pretenden que sea de forma pasajera, está adoptando medidas
y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Son varias las tareas que impulsar aunque entre ellas esta especialmente la referida a una mejor organización y funcionamiento de la gestión de los asuntos. Hay medidas que tienen un contenido eminentemente presupuestario pero hay otras que dependen mucho de la voluntad y el compromiso reforzado de quienes participan de una función tan honrosa como es hacer justicia en el ejercicio de la tutela judicial.

Sus varios los agentes que están llamados a reforzar su compromiso por este reto. Desde el Parlamento al CGPJ, por aludir a dos instituciones representativas de poderes del Estado, a otras instancias diversas como Colegios Profesionales, Asociaciones de grupos corporativos, etc.

Pero el principal, además de los ejecutivos autonómicos con competencias en la materia, ha de ser el gobierno de la nación. El Ministerio de Justicia tiene por delante un relevante reto. Para ello, debe impulsar sus propias decisiones con el respaldo de todo el gobierno. Pero, previamente a ello, debe ser receptor de cuantas sugerencias y propuestas que enfocadas por el interés general, más que por los corporativos, lleguen desde diversas instancias.

La Abogacía del Estado tiene un papel relevante que desempeñar. Con más de 130.000 asuntos judiciales vivos en los que somos parte procesal, se está en magníficas condiciones de tener una percepción clara de cómo abordar reformas en esta materia. Desde la lealtad al Estado, los profesionales que integran la Abogacía del Estado están a disposición absoluta en colaborar con el Ministerio de Justicia para que esta prioridad se convierta en una realidad.
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En los últimos tiempos, todo ha ido muy deprisa. Nacho Monedero deja la Presidencia de nuestra querida Asociación, pasando a la excedencia voluntaria en una firma de Abogados, donde seguro que alcanzará el éxito profesional y personal que merece. Desde estas breves líneas, no queda más que el agradecimiento colectivo por su labor y nuestros mejores deseos.
Edmundo Bal gana, en ajustada votación, dicho cargo, en competencia con Luis Tena. Pugna leal entre compañeros y caballeros que pone en valor el difícil encargo de presidir esta Institución. Los medios de comunicación dan cuenta de la noticia profusamente, aunque, en ocasiones, con términos desacertados.

Dos días después, España vota nuevas Cortes y el PSOE gana las elecciones. El día en que esto se escribe, nada se sabe sobre si permanecerá en su puesto el actual Ministro de Justicia y si nuestro Director continuará o no en el cargo.

El Cuerpo de Abogados del Estado, en todo caso, consolida una vez más su indiscutida vocación de servicio, como apoyo jurídico del Gobierno salido de las urnas, realizando su función con independencia de criterio y fielmente, con la máxima preparación y completa dedicación y con absoluto sentido de Estado.

Despedimos a Carlos Matías, director de nuestra revista desde su nacimiento y tras 4 años de colaboración. Desde este editorial no podemos por menos que agradecerle el esfuerzo y la dedicación, los servicios prestados y el desarrollo de su competencia técnica en una materia en la que todos éramos profanos.

Damos la bienvenida a la empresa Art Factory, con Fernando Menéndez a la cabeza, creadores de nuestra página web y del DVD conmemorativo del 125 Aniversario de la creación del Cuerpo de Abogados del Estado, deseándoles lo mejor en esta nueva aventura conjunta.

Queda, por lo tanto, mirando tanto hacia delante como hacia atrás, el camino. Y la responsabilidad de recorrerlo.
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Número 20
enero a marzo 2008 Nuevos Tiempos

Parece que el tiempo pasa despacio, sin interrupciones, en un suave continuo, cuando de repente nos asalta el…

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Número 49


Esperanza

El 11 de noviembre de 1977 se celebró la Asamblea constituyente de nuestra Asociación y, transcurridos algo más de cuarenta años, celebramos el pasado 14 de diciembre la Asamblea General correspondiente al año 2018, en la que, además, renovamos parcialmente nuestro Consejo Directivo.

 

 Transcurrido ya un largo periodo desde la constitución de la Asociación, al albur de la renovación de nuestro Consejo y agradeciendo siempre la labor de todos los que han trabajado y trabajan en la misma, podríamos preguntarnos si se mantienen las razones que impulsaron su creación “para el fomento y defensa de los intereses profesionales y corporativos de los Abogados del Estado” (art.4 de los Estatutos).

 

 Como tuvimos ocasión de analizar en nuestra última Asamblea General, se mantienen todas y cada una de las razones que impulsaron la creación de nuestra Asociación, que presenta, como singularidad que nos parece más que notable, su unidad. No resulta ocioso recordar que, a diferencia de otros Cuerpos de nuestra Administración en los que coexisten distintas Asociaciones, en nuestro caso, desde su creación, siempre ha existido una única Asociación, en la que tienen cabida todos los compañeros que deciden formar parte de la misma, conforme a los principios de libre adhesión y baja voluntaria.

 

 El valor de la unidad en la Asociación, cualquiera que sea las acepciones que tomemos del término, nos lleva a trabajar desde la misma, buscando ese fomento y defensa de los intereses del Cuerpo de Abogados del Estado, que son la verdadera razón de ser que lleva a que seamos muchos los compañeros que permanecemos en la misma. Lógicamente, ese trabajo siempre está sujeto a la sana crítica de los compañeros, que son quienes conforman la base que pretendemos mantener y mejorar desde el Consejo Directivo. Escuchar, aprender e impulsar las acciones asociativas que tutelan nuestros intereses profesionales y corporativos deben ser las líneas de trabajo de nuestro Consejo.

 

 Las últimas elecciones al Consejo ponen de manifiesto que existe interés corporativo y que son numerosos los compañeros que quieren participar activamente en la Asociación. Así se apreció tanto por la presencia de numerosos candidatos, a los que agradeceremos siempre su predisposición, como en el número de votos emitidos, que determinó que fuera necesario un elevado número de sufragios para poder formar parte del mismo.

 

Llegados a este punto, afrontamos nuestra tarea sabiendo que son numerosos los retos por conseguir y que queda mucho por hacer. Pero lo hacemos desde la esperanza, entendida, como recuerda Václav Havel, no como la convicción de que las cosas saldrán bien, sino como la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final. Para todos, desde nuestra unidad característica, lo que debe tener sentido es nuestra condición de Abogados del Estado con los valores que esta representa. Y, con esperanza, trabajar juntos por la consecución de dichos retos.