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Ninguno de nosotros olvidará el año 2020. El año que nos deja ha sido especialmente duro, marcado por lo que podríamos llamar “tiempo de pandemia”. Como señalábamos en el anterior número de la revista, nadie podía imaginar que, en una sociedad tan avanzada como la nuestra, un virus de desconocida existencia iba a ocasionar tanto dolor, aislamiento y desesperanza. Como Asociación, queremos que las primeras palabras de este número sean de consuelo y acompañamiento a todos los que han sufrido tanto la pérdida de familiares y amigos como las consecuencias del virus. No están siendo tiempos sencillos.

 

Ante una situación como la que estamos viviendo, queda seguir manteniendo la esperanza, el sentido del deber y el coraje necesario para ser cada día mejores, tanto en el ámbito personal como el profesional. Los meses de pandemia deben servir como periodo de reflexión sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. Y, para ello, bien haríamos en seguir el ejemplo de todos los compañeros que han desarrollado su trayectoria profesional vinculada a la Abogacía del Estado. La trayectoria vital de Severo Bueno es, sin duda, un buen punto de referencia. Como lo es también la de Pedro García Romera. Ambos fallecidos recientemente, tienen un hueco especial en este número de la revista. Y, sin duda, ejemplo de lucha y superación ha sido nuestro compañero Fernando Llopis, quien pudo superar la enfermedad. O, igualmente, es necesario destacar el esfuerzo de los compañeros que ingresaron en nuestro Cuerpo en el año 2020, la auto-denominada “promoción confinada”.

 

En esta tarea de reflexión y mejora, tenemos, sin duda, bases sobre las que asentar el debate. Transcurridos más de veinte años desde el anterior congreso de la Asociación, es necesario volver a reflexionar sobre las numerosas cuestiones que se plantearon entonces, partiendo de lo mucho que se aportó durante su desarrollo, como se expone detalladamente en el artículo de este número que dedicamos a aquel congreso. Nuestra organización necesita un impulso para adaptarse a los cambios que demanda el mundo jurídico del siglo XXI. Como recordaba Bob Dylan, los tiempos están cambiando y es necesario que sepamos adaptarnos, evolucionar y defender que es muy necesaria en una sociedad como la actual una Abogacía del Estado de perfil técnico-jurídico que persiga la excelencia en su labor. Nuestro sistema de acceso, que debemos defender aún con sus imperfecciones, y nuestras funciones, consultivas y contenciosas, así lo demandan.

 

Debemos abordar nuestra labor con optimismo, tenacidad, fe y esperanza, a pesar de todas las dificultades que hemos vivido y estamos viviendo. Como siempre recordaba un magnífico comentarista deportivo, recientemente fallecido, tomándolo prestado de una de sus profesoras de la infancia, no debemos apartarnos del lema “Good, Better, Best”. Es todo un reto que debemos asumir con fuerza e ilusión, especialmente en estos tiempos de pandemia. Merece, sin lugar a dudas, la pena.

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Cuando publicábamos el pasado mes de febrero de 2020 el número 51 de esta Revista, no podíamos pensar que íbamos a afrontar una situación tan compleja como la que hemos vivido. Sirvan estas primeras líneas del número 52 de la Revista para recordar a todos los familiares y amigos que hemos perdido y para mandar un fuerte abrazo a los compañeros afectados por la pandemia del COVID-19.

 

Ha sido un periodo de tristeza, de temor, de esperanza y también de reflexión. Tristeza y temor ante la propagación y efectos de un virus que ha demostrado que no somos inmunes – en ningún sentido. Esperanza al mirar al futuro y al ir, poco a poco, volviendo a una normalidad que no es la que conocíamos hasta ahora. Y reflexión sobre todo lo que nos une ante situaciones tan difíciles como las vividas y sobre lo que verdaderamente merece la pena. Solamente desde la unión, el sacrificio y el esfuerzo conjunto pueden superarse momentos como los vividos en estos meses y como los que tendremos que afrontar en los meses venideros.

 

Los Abogados del Estado debemos defender la relevancia de nuestra labor, no solamente para la Administración, sino también para y en la sociedad. Nos corresponde, con carácter cuasi-exclusivo, la representación y defensa de la Administración ante los Juzgados y Tribunales en todos los órdenes jurisdiccionales. Toda una responsabilidad que asumiremos con el rigor y calidad que debemos perseguir en todas nuestras actuaciones si se produce finalmente un incremento de procedimientos judiciales asociados a la pandemia. Nos corresponde, asimismo, la superior labor consultiva de la Administración del Estado – a salvo las competencias del Consejo de Estado. La relevancia de esta función, desarrollada con libertad de criterio, se ha puesto de manifiesto durante estos meses, en los que los informes emitidos por nuestros compañeros han servido de pauta interpretativa en numerosos foros jurídicos – no solamente en la Administración. Y, como parte de nuestras funciones contenciosas, hemos asumido y asumiremos la representación y defensa de los funcionarios públicos y autoridades cuando estos son denunciados en sede penal por el ejercicio legítimo de sus funciones. Miles de ellos, singularmente en los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado, han sido y son defendidos por la Abogacía del Estado para garantizar así su derecho constitucional a una defensa técnica que respalde su actuación cuando la misma es cuestionada en sede judicial.

 

Nos encontramos ante nuevos retos que debemos abordar con ilusión, esfuerzo y reflexionando en foros como el Congreso que queremos celebrar el año próximo. A pesar de las dificultades y en las dificultades, como las vividas en estos meses, merece sin duda la pena. Juntos sumamos.

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En varias ocasiones, durante los últimos años, hemos querido destacar desde las páginas de la Revista de nuestra Asociación la unidad que ha caracterizado y debe, a toda costa, caracterizar a nuestro Cuerpo – sin perjuicio de las legítimas discrepancias internas que en cada momento puedan producirse. Sin ir más lejos, en el número 50 resaltábamos la importancia del trabajo en equipo y también la necesidad de adaptarnos a un mundo en constante cambio. Adaptación a las nuevas circunstancias, aprendizaje de los errores cometidos y compromiso con una labor que, digámoslo claramente, merece, y mucho, la pena.

 

Para defender nuestra profesión, es necesario, en primer término, que mantengamos firmemente la unidad a la que tantas veces hemos hecho referencia – la última de ellas en la Asamblea General Extraordinaria  de la Asociación que se celebró el pasado 31 de enero de 2020. Estamos en un Cuerpo de compañeros. Trabajemos juntos por la unión sin excepción alguna, rechacemos con firmeza los intentos de división, vengan de donde vengan, y hagamos de la Asociación la casa de todos, en la que tengan cabida todos los Abogados del Estado, cualquiera que sea la situación administrativa en la que se encuentren.

 

En segundo término, es necesario poner de manifiesto que la Asociación nació y ha pervivido durante más de cuarenta años con un carácter apolítico. Esto es algo que debemos seguir manteniendo. El valor de ser Abogado del Estado sin las “etiquetas” que vemos día a día en otras asociaciones profesionales, recordando que, como expresan acertadamente nuestros estatutos, nuestro objetivo no es otro que la defensa de los intereses profesionales y corporativos de los Abogados del Estado.

 

Destaquemos, en tercer lugar, la valía de nuestra función como profesionales del Derecho que deben actuar exclusivamente atendiendo a criterios técnico-jurídicos. Nuestro trabajo y prestigio ha sido forjado a lo largo de casi 140 años de historia, en la que siempre hemos estado, y estaremos, comprometidos con la defensa jurídica de los intereses públicos – con todos los regímenes políticos y formas de Estado. Esta es nuestra razón de ser. Nuestro reto es mantener la calidad en dicha función y defender la labor de nuestros compañeros cuando la misma pretende ser cuestionada sin fundamento admisible jurídicamente.

 

Los acontecimientos acaecidos en los últimos meses exigen reflexionar hacia el futuro sobre nuestros valores y sobre nuestra función – partiendo de nuestro marco normativo y deontológico vigente. Debatir entre nosotros, a través de grupos de trabajo e incluso mediante un Congreso, para recordar de dónde venimos, cual es la situación actual y nuestro futuro. Todo ello desde la lealtad, discreción y solvencia que siempre ha caracterizado al Cuerpo de Abogados del Estado. Cerremos filas, trabajemos juntos y defendamos nuestro escudo – que es la portada de este número de nuestra Revista. Nos unen muchas más cosas de las que pudieran llegar a separarnos. Demos a la Asociación y a este Cuerpo el impulso y el respaldo que merece. Es nuestra responsabilidad.

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La llegada del mes de septiembre nos trae el nuevo curso y, con él, los nuevos retos y objetivos que cada uno de nosotros nos marcamos con la ilusión de mejorar en lo que no acertamos en el curso anterior y de mantener lo que, de una forma u otra, demostró ser correcto.

 

No es ajena nuestra Asociación a este “espíritu” del nuevo curso que impregna el final del verano. Muchos son los retos que tenemos que seguir afrontando. El primero, y quizá el más importante de ellos, sea el de mantener nuestra esencia. Nuestro perfil técnico, asentado en una sólida formación jurídica. La unidad y lealtad entre compañeros, que ha vertebrado nuestro Cuerpo desde hace más de 135 años. Y, en todo caso, es necesario poner en valor que, con efectivos escasos, defendemos a la Administración del Estado con un éxito notable. Profesionales del derecho al servicio del interés general. La Asociación debe proteger estos valores e intentaremos desde el Consejo Directivo mejorar nuestra actuación cuando los mismos se vean cuestionados o comprometidos injustificadamente.

 

Debemos abordar, asimismo, la adaptación de la Asociación y de nuestro Cuerpo a un mundo en constante cambio y a una sociedad de la información en la que es necesaria una correcta política de comunicación que transmita lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser: profesionales preparados técnicamente, leales con nuestra labor y que, guiados por los principios de legalidad, unidad de doctrina y jerarquía, asumimos con orgullo una labor eficiente y discreta en la asistencia jurídica a nuestra Administración.

 

Ninguno de los retos y desafíos que nos rodean puede ser abordado desde una posición individualista. El concepto de la Abogacía del Estado como un equipo, es fundamental para que podamos seguir avanzando. No faltaran, ni han faltado, quienes han pretendido fomentar la división entre nosotros. El debate y la discusión en el seno de la Asociación siempre será bienvenido. Es sin duda un rasgo llamativo de nuestro Cuerpo el de su unidad en torno a estos principios comunes. Seamos, pues, capaces de dotar de su valor a la expresión “compañero”, tan común entre nosotros.

 

Esta unidad de nuestro Cuerpo, que se vertebra, entre otros medios, a través de la Asociación, ha quedado bien reflejada en varios acontecimientos celebrados recientemente: la presentación del Libro-Homenaje a Manuel Goded, la cena anual, las tertulias o la publicación de cincuenta números de esta Revista. Todos ellos son hechos objetivos que evidencian la cohesión de este Cuerpo. Asumamos nuestros valores y nuestros principios juntos. El nuevo curso es una buena ocasión para sentirnos orgullosos de nuestro pasado, responsables ante nuestro presente y deudores para transmitir nuestros valores hacia el futuro. Es algo que sin duda merece la pena.

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El 11 de noviembre de 1977 se celebró la Asamblea constituyente de nuestra Asociación y, transcurridos algo más de cuarenta años, celebramos el pasado 14 de diciembre la Asamblea General correspondiente al año 2018, en la que, además, renovamos parcialmente nuestro Consejo Directivo.

 

 Transcurrido ya un largo periodo desde la constitución de la Asociación, al albur de la renovación de nuestro Consejo y agradeciendo siempre la labor de todos los que han trabajado y trabajan en la misma, podríamos preguntarnos si se mantienen las razones que impulsaron su creación “para el fomento y defensa de los intereses profesionales y corporativos de los Abogados del Estado” (art.4 de los Estatutos).

 

 Como tuvimos ocasión de analizar en nuestra última Asamblea General, se mantienen todas y cada una de las razones que impulsaron la creación de nuestra Asociación, que presenta, como singularidad que nos parece más que notable, su unidad. No resulta ocioso recordar que, a diferencia de otros Cuerpos de nuestra Administración en los que coexisten distintas Asociaciones, en nuestro caso, desde su creación, siempre ha existido una única Asociación, en la que tienen cabida todos los compañeros que deciden formar parte de la misma, conforme a los principios de libre adhesión y baja voluntaria.

 

 El valor de la unidad en la Asociación, cualquiera que sea las acepciones que tomemos del término, nos lleva a trabajar desde la misma, buscando ese fomento y defensa de los intereses del Cuerpo de Abogados del Estado, que son la verdadera razón de ser que lleva a que seamos muchos los compañeros que permanecemos en la misma. Lógicamente, ese trabajo siempre está sujeto a la sana crítica de los compañeros, que son quienes conforman la base que pretendemos mantener y mejorar desde el Consejo Directivo. Escuchar, aprender e impulsar las acciones asociativas que tutelan nuestros intereses profesionales y corporativos deben ser las líneas de trabajo de nuestro Consejo.

 

 Las últimas elecciones al Consejo ponen de manifiesto que existe interés corporativo y que son numerosos los compañeros que quieren participar activamente en la Asociación. Así se apreció tanto por la presencia de numerosos candidatos, a los que agradeceremos siempre su predisposición, como en el número de votos emitidos, que determinó que fuera necesario un elevado número de sufragios para poder formar parte del mismo.

 

Llegados a este punto, afrontamos nuestra tarea sabiendo que son numerosos los retos por conseguir y que queda mucho por hacer. Pero lo hacemos desde la esperanza, entendida, como recuerda Václav Havel, no como la convicción de que las cosas saldrán bien, sino como la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final. Para todos, desde nuestra unidad característica, lo que debe tener sentido es nuestra condición de Abogados del Estado con los valores que esta representa. Y, con esperanza, trabajar juntos por la consecución de dichos retos.

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Número 53
Tiempos de pandemia

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Número 52
Juntos sumamos

Cuando publicábamos el pasado mes de febrero de 2020 el número 51 de esta Revista, no podíamos…

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Ninguno de nosotros olvidará el año 2020. El año que nos deja ha sido especialmente duro, marcado por lo que podríamos llamar “tiempo de pandemia”. Como señalábamos en el anterior número de la revista, nadie podía imaginar que, en una sociedad tan avanzada como la nuestra, un virus de desconocida existencia iba a ocasionar tanto dolor, aislamiento y desesperanza. Como Asociación, queremos que las primeras palabras de este número sean de consuelo y acompañamiento a todos los que han sufrido tanto la pérdida de familiares y amigos como las consecuencias del virus. No están siendo tiempos sencillos.

 

Ante una situación como la que estamos viviendo, queda seguir manteniendo la esperanza, el sentido del deber y el coraje necesario para ser cada día mejores, tanto en el ámbito personal como el profesional. Los meses de pandemia deben servir como periodo de reflexión sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. Y, para ello, bien haríamos en seguir el ejemplo de todos los compañeros que han desarrollado su trayectoria profesional vinculada a la Abogacía del Estado. La trayectoria vital de Severo Bueno es, sin duda, un buen punto de referencia. Como lo es también la de Pedro García Romera. Ambos fallecidos recientemente, tienen un hueco especial en este número de la revista. Y, sin duda, ejemplo de lucha y superación ha sido nuestro compañero Fernando Llopis, quien pudo superar la enfermedad. O, igualmente, es necesario destacar el esfuerzo de los compañeros que ingresaron en nuestro Cuerpo en el año 2020, la auto-denominada “promoción confinada”.

 

En esta tarea de reflexión y mejora, tenemos, sin duda, bases sobre las que asentar el debate. Transcurridos más de veinte años desde el anterior congreso de la Asociación, es necesario volver a reflexionar sobre las numerosas cuestiones que se plantearon entonces, partiendo de lo mucho que se aportó durante su desarrollo, como se expone detalladamente en el artículo de este número que dedicamos a aquel congreso. Nuestra organización necesita un impulso para adaptarse a los cambios que demanda el mundo jurídico del siglo XXI. Como recordaba Bob Dylan, los tiempos están cambiando y es necesario que sepamos adaptarnos, evolucionar y defender que es muy necesaria en una sociedad como la actual una Abogacía del Estado de perfil técnico-jurídico que persiga la excelencia en su labor. Nuestro sistema de acceso, que debemos defender aún con sus imperfecciones, y nuestras funciones, consultivas y contenciosas, así lo demandan.

 

Debemos abordar nuestra labor con optimismo, tenacidad, fe y esperanza, a pesar de todas las dificultades que hemos vivido y estamos viviendo. Como siempre recordaba un magnífico comentarista deportivo, recientemente fallecido, tomándolo prestado de una de sus profesoras de la infancia, no debemos apartarnos del lema “Good, Better, Best”. Es todo un reto que debemos asumir con fuerza e ilusión, especialmente en estos tiempos de pandemia. Merece, sin lugar a dudas, la pena.

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Cuando publicábamos el pasado mes de febrero de 2020 el número 51 de esta Revista, no podíamos pensar que íbamos a afrontar una situación tan compleja como la que hemos vivido. Sirvan estas primeras líneas del número 52 de la Revista para recordar a todos los familiares y amigos que hemos perdido y para mandar un fuerte abrazo a los compañeros afectados por la pandemia del COVID-19.

 

Ha sido un periodo de tristeza, de temor, de esperanza y también de reflexión. Tristeza y temor ante la propagación y efectos de un virus que ha demostrado que no somos inmunes – en ningún sentido. Esperanza al mirar al futuro y al ir, poco a poco, volviendo a una normalidad que no es la que conocíamos hasta ahora. Y reflexión sobre todo lo que nos une ante situaciones tan difíciles como las vividas y sobre lo que verdaderamente merece la pena. Solamente desde la unión, el sacrificio y el esfuerzo conjunto pueden superarse momentos como los vividos en estos meses y como los que tendremos que afrontar en los meses venideros.

 

Los Abogados del Estado debemos defender la relevancia de nuestra labor, no solamente para la Administración, sino también para y en la sociedad. Nos corresponde, con carácter cuasi-exclusivo, la representación y defensa de la Administración ante los Juzgados y Tribunales en todos los órdenes jurisdiccionales. Toda una responsabilidad que asumiremos con el rigor y calidad que debemos perseguir en todas nuestras actuaciones si se produce finalmente un incremento de procedimientos judiciales asociados a la pandemia. Nos corresponde, asimismo, la superior labor consultiva de la Administración del Estado – a salvo las competencias del Consejo de Estado. La relevancia de esta función, desarrollada con libertad de criterio, se ha puesto de manifiesto durante estos meses, en los que los informes emitidos por nuestros compañeros han servido de pauta interpretativa en numerosos foros jurídicos – no solamente en la Administración. Y, como parte de nuestras funciones contenciosas, hemos asumido y asumiremos la representación y defensa de los funcionarios públicos y autoridades cuando estos son denunciados en sede penal por el ejercicio legítimo de sus funciones. Miles de ellos, singularmente en los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado, han sido y son defendidos por la Abogacía del Estado para garantizar así su derecho constitucional a una defensa técnica que respalde su actuación cuando la misma es cuestionada en sede judicial.

 

Nos encontramos ante nuevos retos que debemos abordar con ilusión, esfuerzo y reflexionando en foros como el Congreso que queremos celebrar el año próximo. A pesar de las dificultades y en las dificultades, como las vividas en estos meses, merece sin duda la pena. Juntos sumamos.

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En varias ocasiones, durante los últimos años, hemos querido destacar desde las páginas de la Revista de nuestra Asociación la unidad que ha caracterizado y debe, a toda costa, caracterizar a nuestro Cuerpo – sin perjuicio de las legítimas discrepancias internas que en cada momento puedan producirse. Sin ir más lejos, en el número 50 resaltábamos la importancia del trabajo en equipo y también la necesidad de adaptarnos a un mundo en constante cambio. Adaptación a las nuevas circunstancias, aprendizaje de los errores cometidos y compromiso con una labor que, digámoslo claramente, merece, y mucho, la pena.

 

Para defender nuestra profesión, es necesario, en primer término, que mantengamos firmemente la unidad a la que tantas veces hemos hecho referencia – la última de ellas en la Asamblea General Extraordinaria  de la Asociación que se celebró el pasado 31 de enero de 2020. Estamos en un Cuerpo de compañeros. Trabajemos juntos por la unión sin excepción alguna, rechacemos con firmeza los intentos de división, vengan de donde vengan, y hagamos de la Asociación la casa de todos, en la que tengan cabida todos los Abogados del Estado, cualquiera que sea la situación administrativa en la que se encuentren.

 

En segundo término, es necesario poner de manifiesto que la Asociación nació y ha pervivido durante más de cuarenta años con un carácter apolítico. Esto es algo que debemos seguir manteniendo. El valor de ser Abogado del Estado sin las “etiquetas” que vemos día a día en otras asociaciones profesionales, recordando que, como expresan acertadamente nuestros estatutos, nuestro objetivo no es otro que la defensa de los intereses profesionales y corporativos de los Abogados del Estado.

 

Destaquemos, en tercer lugar, la valía de nuestra función como profesionales del Derecho que deben actuar exclusivamente atendiendo a criterios técnico-jurídicos. Nuestro trabajo y prestigio ha sido forjado a lo largo de casi 140 años de historia, en la que siempre hemos estado, y estaremos, comprometidos con la defensa jurídica de los intereses públicos – con todos los regímenes políticos y formas de Estado. Esta es nuestra razón de ser. Nuestro reto es mantener la calidad en dicha función y defender la labor de nuestros compañeros cuando la misma pretende ser cuestionada sin fundamento admisible jurídicamente.

 

Los acontecimientos acaecidos en los últimos meses exigen reflexionar hacia el futuro sobre nuestros valores y sobre nuestra función – partiendo de nuestro marco normativo y deontológico vigente. Debatir entre nosotros, a través de grupos de trabajo e incluso mediante un Congreso, para recordar de dónde venimos, cual es la situación actual y nuestro futuro. Todo ello desde la lealtad, discreción y solvencia que siempre ha caracterizado al Cuerpo de Abogados del Estado. Cerremos filas, trabajemos juntos y defendamos nuestro escudo – que es la portada de este número de nuestra Revista. Nos unen muchas más cosas de las que pudieran llegar a separarnos. Demos a la Asociación y a este Cuerpo el impulso y el respaldo que merece. Es nuestra responsabilidad.

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La llegada del mes de septiembre nos trae el nuevo curso y, con él, los nuevos retos y objetivos que cada uno de nosotros nos marcamos con la ilusión de mejorar en lo que no acertamos en el curso anterior y de mantener lo que, de una forma u otra, demostró ser correcto.

 

No es ajena nuestra Asociación a este “espíritu” del nuevo curso que impregna el final del verano. Muchos son los retos que tenemos que seguir afrontando. El primero, y quizá el más importante de ellos, sea el de mantener nuestra esencia. Nuestro perfil técnico, asentado en una sólida formación jurídica. La unidad y lealtad entre compañeros, que ha vertebrado nuestro Cuerpo desde hace más de 135 años. Y, en todo caso, es necesario poner en valor que, con efectivos escasos, defendemos a la Administración del Estado con un éxito notable. Profesionales del derecho al servicio del interés general. La Asociación debe proteger estos valores e intentaremos desde el Consejo Directivo mejorar nuestra actuación cuando los mismos se vean cuestionados o comprometidos injustificadamente.

 

Debemos abordar, asimismo, la adaptación de la Asociación y de nuestro Cuerpo a un mundo en constante cambio y a una sociedad de la información en la que es necesaria una correcta política de comunicación que transmita lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser: profesionales preparados técnicamente, leales con nuestra labor y que, guiados por los principios de legalidad, unidad de doctrina y jerarquía, asumimos con orgullo una labor eficiente y discreta en la asistencia jurídica a nuestra Administración.

 

Ninguno de los retos y desafíos que nos rodean puede ser abordado desde una posición individualista. El concepto de la Abogacía del Estado como un equipo, es fundamental para que podamos seguir avanzando. No faltaran, ni han faltado, quienes han pretendido fomentar la división entre nosotros. El debate y la discusión en el seno de la Asociación siempre será bienvenido. Es sin duda un rasgo llamativo de nuestro Cuerpo el de su unidad en torno a estos principios comunes. Seamos, pues, capaces de dotar de su valor a la expresión “compañero”, tan común entre nosotros.

 

Esta unidad de nuestro Cuerpo, que se vertebra, entre otros medios, a través de la Asociación, ha quedado bien reflejada en varios acontecimientos celebrados recientemente: la presentación del Libro-Homenaje a Manuel Goded, la cena anual, las tertulias o la publicación de cincuenta números de esta Revista. Todos ellos son hechos objetivos que evidencian la cohesión de este Cuerpo. Asumamos nuestros valores y nuestros principios juntos. El nuevo curso es una buena ocasión para sentirnos orgullosos de nuestro pasado, responsables ante nuestro presente y deudores para transmitir nuestros valores hacia el futuro. Es algo que sin duda merece la pena.

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El 11 de noviembre de 1977 se celebró la Asamblea constituyente de nuestra Asociación y, transcurridos algo más de cuarenta años, celebramos el pasado 14 de diciembre la Asamblea General correspondiente al año 2018, en la que, además, renovamos parcialmente nuestro Consejo Directivo.

 

 Transcurrido ya un largo periodo desde la constitución de la Asociación, al albur de la renovación de nuestro Consejo y agradeciendo siempre la labor de todos los que han trabajado y trabajan en la misma, podríamos preguntarnos si se mantienen las razones que impulsaron su creación “para el fomento y defensa de los intereses profesionales y corporativos de los Abogados del Estado” (art.4 de los Estatutos).

 

 Como tuvimos ocasión de analizar en nuestra última Asamblea General, se mantienen todas y cada una de las razones que impulsaron la creación de nuestra Asociación, que presenta, como singularidad que nos parece más que notable, su unidad. No resulta ocioso recordar que, a diferencia de otros Cuerpos de nuestra Administración en los que coexisten distintas Asociaciones, en nuestro caso, desde su creación, siempre ha existido una única Asociación, en la que tienen cabida todos los compañeros que deciden formar parte de la misma, conforme a los principios de libre adhesión y baja voluntaria.

 

 El valor de la unidad en la Asociación, cualquiera que sea las acepciones que tomemos del término, nos lleva a trabajar desde la misma, buscando ese fomento y defensa de los intereses del Cuerpo de Abogados del Estado, que son la verdadera razón de ser que lleva a que seamos muchos los compañeros que permanecemos en la misma. Lógicamente, ese trabajo siempre está sujeto a la sana crítica de los compañeros, que son quienes conforman la base que pretendemos mantener y mejorar desde el Consejo Directivo. Escuchar, aprender e impulsar las acciones asociativas que tutelan nuestros intereses profesionales y corporativos deben ser las líneas de trabajo de nuestro Consejo.

 

 Las últimas elecciones al Consejo ponen de manifiesto que existe interés corporativo y que son numerosos los compañeros que quieren participar activamente en la Asociación. Así se apreció tanto por la presencia de numerosos candidatos, a los que agradeceremos siempre su predisposición, como en el número de votos emitidos, que determinó que fuera necesario un elevado número de sufragios para poder formar parte del mismo.

 

Llegados a este punto, afrontamos nuestra tarea sabiendo que son numerosos los retos por conseguir y que queda mucho por hacer. Pero lo hacemos desde la esperanza, entendida, como recuerda Václav Havel, no como la convicción de que las cosas saldrán bien, sino como la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final. Para todos, desde nuestra unidad característica, lo que debe tener sentido es nuestra condición de Abogados del Estado con los valores que esta representa. Y, con esperanza, trabajar juntos por la consecución de dichos retos.

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Número 51
Juntos en defensa de nuestro escudo

En varias ocasiones, durante los últimos años, hemos querido destacar desde las páginas…

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Ninguno de nosotros olvidará el año 2020. El año que nos deja ha sido especialmente duro, marcado por lo que podríamos llamar “tiempo de pandemia”. Como señalábamos en el anterior número de la revista, nadie podía imaginar que, en una sociedad tan avanzada como la nuestra, un virus de desconocida existencia iba a ocasionar tanto dolor, aislamiento y desesperanza. Como Asociación, queremos que las primeras palabras de este número sean de consuelo y acompañamiento a todos los que han sufrido tanto la pérdida de familiares y amigos como las consecuencias del virus. No están siendo tiempos sencillos.

 

Ante una situación como la que estamos viviendo, queda seguir manteniendo la esperanza, el sentido del deber y el coraje necesario para ser cada día mejores, tanto en el ámbito personal como el profesional. Los meses de pandemia deben servir como periodo de reflexión sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. Y, para ello, bien haríamos en seguir el ejemplo de todos los compañeros que han desarrollado su trayectoria profesional vinculada a la Abogacía del Estado. La trayectoria vital de Severo Bueno es, sin duda, un buen punto de referencia. Como lo es también la de Pedro García Romera. Ambos fallecidos recientemente, tienen un hueco especial en este número de la revista. Y, sin duda, ejemplo de lucha y superación ha sido nuestro compañero Fernando Llopis, quien pudo superar la enfermedad. O, igualmente, es necesario destacar el esfuerzo de los compañeros que ingresaron en nuestro Cuerpo en el año 2020, la auto-denominada “promoción confinada”.

 

En esta tarea de reflexión y mejora, tenemos, sin duda, bases sobre las que asentar el debate. Transcurridos más de veinte años desde el anterior congreso de la Asociación, es necesario volver a reflexionar sobre las numerosas cuestiones que se plantearon entonces, partiendo de lo mucho que se aportó durante su desarrollo, como se expone detalladamente en el artículo de este número que dedicamos a aquel congreso. Nuestra organización necesita un impulso para adaptarse a los cambios que demanda el mundo jurídico del siglo XXI. Como recordaba Bob Dylan, los tiempos están cambiando y es necesario que sepamos adaptarnos, evolucionar y defender que es muy necesaria en una sociedad como la actual una Abogacía del Estado de perfil técnico-jurídico que persiga la excelencia en su labor. Nuestro sistema de acceso, que debemos defender aún con sus imperfecciones, y nuestras funciones, consultivas y contenciosas, así lo demandan.

 

Debemos abordar nuestra labor con optimismo, tenacidad, fe y esperanza, a pesar de todas las dificultades que hemos vivido y estamos viviendo. Como siempre recordaba un magnífico comentarista deportivo, recientemente fallecido, tomándolo prestado de una de sus profesoras de la infancia, no debemos apartarnos del lema “Good, Better, Best”. Es todo un reto que debemos asumir con fuerza e ilusión, especialmente en estos tiempos de pandemia. Merece, sin lugar a dudas, la pena.

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Cuando publicábamos el pasado mes de febrero de 2020 el número 51 de esta Revista, no podíamos pensar que íbamos a afrontar una situación tan compleja como la que hemos vivido. Sirvan estas primeras líneas del número 52 de la Revista para recordar a todos los familiares y amigos que hemos perdido y para mandar un fuerte abrazo a los compañeros afectados por la pandemia del COVID-19.

 

Ha sido un periodo de tristeza, de temor, de esperanza y también de reflexión. Tristeza y temor ante la propagación y efectos de un virus que ha demostrado que no somos inmunes – en ningún sentido. Esperanza al mirar al futuro y al ir, poco a poco, volviendo a una normalidad que no es la que conocíamos hasta ahora. Y reflexión sobre todo lo que nos une ante situaciones tan difíciles como las vividas y sobre lo que verdaderamente merece la pena. Solamente desde la unión, el sacrificio y el esfuerzo conjunto pueden superarse momentos como los vividos en estos meses y como los que tendremos que afrontar en los meses venideros.

 

Los Abogados del Estado debemos defender la relevancia de nuestra labor, no solamente para la Administración, sino también para y en la sociedad. Nos corresponde, con carácter cuasi-exclusivo, la representación y defensa de la Administración ante los Juzgados y Tribunales en todos los órdenes jurisdiccionales. Toda una responsabilidad que asumiremos con el rigor y calidad que debemos perseguir en todas nuestras actuaciones si se produce finalmente un incremento de procedimientos judiciales asociados a la pandemia. Nos corresponde, asimismo, la superior labor consultiva de la Administración del Estado – a salvo las competencias del Consejo de Estado. La relevancia de esta función, desarrollada con libertad de criterio, se ha puesto de manifiesto durante estos meses, en los que los informes emitidos por nuestros compañeros han servido de pauta interpretativa en numerosos foros jurídicos – no solamente en la Administración. Y, como parte de nuestras funciones contenciosas, hemos asumido y asumiremos la representación y defensa de los funcionarios públicos y autoridades cuando estos son denunciados en sede penal por el ejercicio legítimo de sus funciones. Miles de ellos, singularmente en los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado, han sido y son defendidos por la Abogacía del Estado para garantizar así su derecho constitucional a una defensa técnica que respalde su actuación cuando la misma es cuestionada en sede judicial.

 

Nos encontramos ante nuevos retos que debemos abordar con ilusión, esfuerzo y reflexionando en foros como el Congreso que queremos celebrar el año próximo. A pesar de las dificultades y en las dificultades, como las vividas en estos meses, merece sin duda la pena. Juntos sumamos.

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Para defender nuestra profesión, es necesario, en primer término, que mantengamos firmemente la unidad a la que tantas veces hemos hecho referencia – la última de ellas en la Asamblea General Extraordinaria  de la Asociación que se celebró el pasado 31 de enero de 2020. Estamos en un Cuerpo de compañeros. Trabajemos juntos por la unión sin excepción alguna, rechacemos con firmeza los intentos de división, vengan de donde vengan, y hagamos de la Asociación la casa de todos, en la que tengan cabida todos los Abogados del Estado, cualquiera que sea la situación administrativa en la que se encuentren.

 

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Los acontecimientos acaecidos en los últimos meses exigen reflexionar hacia el futuro sobre nuestros valores y sobre nuestra función – partiendo de nuestro marco normativo y deontológico vigente. Debatir entre nosotros, a través de grupos de trabajo e incluso mediante un Congreso, para recordar de dónde venimos, cual es la situación actual y nuestro futuro. Todo ello desde la lealtad, discreción y solvencia que siempre ha caracterizado al Cuerpo de Abogados del Estado. Cerremos filas, trabajemos juntos y defendamos nuestro escudo – que es la portada de este número de nuestra Revista. Nos unen muchas más cosas de las que pudieran llegar a separarnos. Demos a la Asociación y a este Cuerpo el impulso y el respaldo que merece. Es nuestra responsabilidad.

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No es ajena nuestra Asociación a este “espíritu” del nuevo curso que impregna el final del verano. Muchos son los retos que tenemos que seguir afrontando. El primero, y quizá el más importante de ellos, sea el de mantener nuestra esencia. Nuestro perfil técnico, asentado en una sólida formación jurídica. La unidad y lealtad entre compañeros, que ha vertebrado nuestro Cuerpo desde hace más de 135 años. Y, en todo caso, es necesario poner en valor que, con efectivos escasos, defendemos a la Administración del Estado con un éxito notable. Profesionales del derecho al servicio del interés general. La Asociación debe proteger estos valores e intentaremos desde el Consejo Directivo mejorar nuestra actuación cuando los mismos se vean cuestionados o comprometidos injustificadamente.

 

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Esta unidad de nuestro Cuerpo, que se vertebra, entre otros medios, a través de la Asociación, ha quedado bien reflejada en varios acontecimientos celebrados recientemente: la presentación del Libro-Homenaje a Manuel Goded, la cena anual, las tertulias o la publicación de cincuenta números de esta Revista. Todos ellos son hechos objetivos que evidencian la cohesión de este Cuerpo. Asumamos nuestros valores y nuestros principios juntos. El nuevo curso es una buena ocasión para sentirnos orgullosos de nuestro pasado, responsables ante nuestro presente y deudores para transmitir nuestros valores hacia el futuro. Es algo que sin duda merece la pena.

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 El valor de la unidad en la Asociación, cualquiera que sea las acepciones que tomemos del término, nos lleva a trabajar desde la misma, buscando ese fomento y defensa de los intereses del Cuerpo de Abogados del Estado, que son la verdadera razón de ser que lleva a que seamos muchos los compañeros que permanecemos en la misma. Lógicamente, ese trabajo siempre está sujeto a la sana crítica de los compañeros, que son quienes conforman la base que pretendemos mantener y mejorar desde el Consejo Directivo. Escuchar, aprender e impulsar las acciones asociativas que tutelan nuestros intereses profesionales y corporativos deben ser las líneas de trabajo de nuestro Consejo.

 

 Las últimas elecciones al Consejo ponen de manifiesto que existe interés corporativo y que son numerosos los compañeros que quieren participar activamente en la Asociación. Así se apreció tanto por la presencia de numerosos candidatos, a los que agradeceremos siempre su predisposición, como en el número de votos emitidos, que determinó que fuera necesario un elevado número de sufragios para poder formar parte del mismo.

 

Llegados a este punto, afrontamos nuestra tarea sabiendo que son numerosos los retos por conseguir y que queda mucho por hacer. Pero lo hacemos desde la esperanza, entendida, como recuerda Václav Havel, no como la convicción de que las cosas saldrán bien, sino como la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final. Para todos, desde nuestra unidad característica, lo que debe tener sentido es nuestra condición de Abogados del Estado con los valores que esta representa. Y, con esperanza, trabajar juntos por la consecución de dichos retos.

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Número 50
Llega un nuevo curso

La llegada del mes de septiembre nos trae el nuevo curso y, con él, los nuevos retos y objetivos que…

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Ninguno de nosotros olvidará el año 2020. El año que nos deja ha sido especialmente duro, marcado por lo que podríamos llamar “tiempo de pandemia”. Como señalábamos en el anterior número de la revista, nadie podía imaginar que, en una sociedad tan avanzada como la nuestra, un virus de desconocida existencia iba a ocasionar tanto dolor, aislamiento y desesperanza. Como Asociación, queremos que las primeras palabras de este número sean de consuelo y acompañamiento a todos los que han sufrido tanto la pérdida de familiares y amigos como las consecuencias del virus. No están siendo tiempos sencillos.

 

Ante una situación como la que estamos viviendo, queda seguir manteniendo la esperanza, el sentido del deber y el coraje necesario para ser cada día mejores, tanto en el ámbito personal como el profesional. Los meses de pandemia deben servir como periodo de reflexión sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. Y, para ello, bien haríamos en seguir el ejemplo de todos los compañeros que han desarrollado su trayectoria profesional vinculada a la Abogacía del Estado. La trayectoria vital de Severo Bueno es, sin duda, un buen punto de referencia. Como lo es también la de Pedro García Romera. Ambos fallecidos recientemente, tienen un hueco especial en este número de la revista. Y, sin duda, ejemplo de lucha y superación ha sido nuestro compañero Fernando Llopis, quien pudo superar la enfermedad. O, igualmente, es necesario destacar el esfuerzo de los compañeros que ingresaron en nuestro Cuerpo en el año 2020, la auto-denominada “promoción confinada”.

 

En esta tarea de reflexión y mejora, tenemos, sin duda, bases sobre las que asentar el debate. Transcurridos más de veinte años desde el anterior congreso de la Asociación, es necesario volver a reflexionar sobre las numerosas cuestiones que se plantearon entonces, partiendo de lo mucho que se aportó durante su desarrollo, como se expone detalladamente en el artículo de este número que dedicamos a aquel congreso. Nuestra organización necesita un impulso para adaptarse a los cambios que demanda el mundo jurídico del siglo XXI. Como recordaba Bob Dylan, los tiempos están cambiando y es necesario que sepamos adaptarnos, evolucionar y defender que es muy necesaria en una sociedad como la actual una Abogacía del Estado de perfil técnico-jurídico que persiga la excelencia en su labor. Nuestro sistema de acceso, que debemos defender aún con sus imperfecciones, y nuestras funciones, consultivas y contenciosas, así lo demandan.

 

Debemos abordar nuestra labor con optimismo, tenacidad, fe y esperanza, a pesar de todas las dificultades que hemos vivido y estamos viviendo. Como siempre recordaba un magnífico comentarista deportivo, recientemente fallecido, tomándolo prestado de una de sus profesoras de la infancia, no debemos apartarnos del lema “Good, Better, Best”. Es todo un reto que debemos asumir con fuerza e ilusión, especialmente en estos tiempos de pandemia. Merece, sin lugar a dudas, la pena.

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Cuando publicábamos el pasado mes de febrero de 2020 el número 51 de esta Revista, no podíamos pensar que íbamos a afrontar una situación tan compleja como la que hemos vivido. Sirvan estas primeras líneas del número 52 de la Revista para recordar a todos los familiares y amigos que hemos perdido y para mandar un fuerte abrazo a los compañeros afectados por la pandemia del COVID-19.

 

Ha sido un periodo de tristeza, de temor, de esperanza y también de reflexión. Tristeza y temor ante la propagación y efectos de un virus que ha demostrado que no somos inmunes – en ningún sentido. Esperanza al mirar al futuro y al ir, poco a poco, volviendo a una normalidad que no es la que conocíamos hasta ahora. Y reflexión sobre todo lo que nos une ante situaciones tan difíciles como las vividas y sobre lo que verdaderamente merece la pena. Solamente desde la unión, el sacrificio y el esfuerzo conjunto pueden superarse momentos como los vividos en estos meses y como los que tendremos que afrontar en los meses venideros.

 

Los Abogados del Estado debemos defender la relevancia de nuestra labor, no solamente para la Administración, sino también para y en la sociedad. Nos corresponde, con carácter cuasi-exclusivo, la representación y defensa de la Administración ante los Juzgados y Tribunales en todos los órdenes jurisdiccionales. Toda una responsabilidad que asumiremos con el rigor y calidad que debemos perseguir en todas nuestras actuaciones si se produce finalmente un incremento de procedimientos judiciales asociados a la pandemia. Nos corresponde, asimismo, la superior labor consultiva de la Administración del Estado – a salvo las competencias del Consejo de Estado. La relevancia de esta función, desarrollada con libertad de criterio, se ha puesto de manifiesto durante estos meses, en los que los informes emitidos por nuestros compañeros han servido de pauta interpretativa en numerosos foros jurídicos – no solamente en la Administración. Y, como parte de nuestras funciones contenciosas, hemos asumido y asumiremos la representación y defensa de los funcionarios públicos y autoridades cuando estos son denunciados en sede penal por el ejercicio legítimo de sus funciones. Miles de ellos, singularmente en los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado, han sido y son defendidos por la Abogacía del Estado para garantizar así su derecho constitucional a una defensa técnica que respalde su actuación cuando la misma es cuestionada en sede judicial.

 

Nos encontramos ante nuevos retos que debemos abordar con ilusión, esfuerzo y reflexionando en foros como el Congreso que queremos celebrar el año próximo. A pesar de las dificultades y en las dificultades, como las vividas en estos meses, merece sin duda la pena. Juntos sumamos.

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En varias ocasiones, durante los últimos años, hemos querido destacar desde las páginas de la Revista de nuestra Asociación la unidad que ha caracterizado y debe, a toda costa, caracterizar a nuestro Cuerpo – sin perjuicio de las legítimas discrepancias internas que en cada momento puedan producirse. Sin ir más lejos, en el número 50 resaltábamos la importancia del trabajo en equipo y también la necesidad de adaptarnos a un mundo en constante cambio. Adaptación a las nuevas circunstancias, aprendizaje de los errores cometidos y compromiso con una labor que, digámoslo claramente, merece, y mucho, la pena.

 

Para defender nuestra profesión, es necesario, en primer término, que mantengamos firmemente la unidad a la que tantas veces hemos hecho referencia – la última de ellas en la Asamblea General Extraordinaria  de la Asociación que se celebró el pasado 31 de enero de 2020. Estamos en un Cuerpo de compañeros. Trabajemos juntos por la unión sin excepción alguna, rechacemos con firmeza los intentos de división, vengan de donde vengan, y hagamos de la Asociación la casa de todos, en la que tengan cabida todos los Abogados del Estado, cualquiera que sea la situación administrativa en la que se encuentren.

 

En segundo término, es necesario poner de manifiesto que la Asociación nació y ha pervivido durante más de cuarenta años con un carácter apolítico. Esto es algo que debemos seguir manteniendo. El valor de ser Abogado del Estado sin las “etiquetas” que vemos día a día en otras asociaciones profesionales, recordando que, como expresan acertadamente nuestros estatutos, nuestro objetivo no es otro que la defensa de los intereses profesionales y corporativos de los Abogados del Estado.

 

Destaquemos, en tercer lugar, la valía de nuestra función como profesionales del Derecho que deben actuar exclusivamente atendiendo a criterios técnico-jurídicos. Nuestro trabajo y prestigio ha sido forjado a lo largo de casi 140 años de historia, en la que siempre hemos estado, y estaremos, comprometidos con la defensa jurídica de los intereses públicos – con todos los regímenes políticos y formas de Estado. Esta es nuestra razón de ser. Nuestro reto es mantener la calidad en dicha función y defender la labor de nuestros compañeros cuando la misma pretende ser cuestionada sin fundamento admisible jurídicamente.

 

Los acontecimientos acaecidos en los últimos meses exigen reflexionar hacia el futuro sobre nuestros valores y sobre nuestra función – partiendo de nuestro marco normativo y deontológico vigente. Debatir entre nosotros, a través de grupos de trabajo e incluso mediante un Congreso, para recordar de dónde venimos, cual es la situación actual y nuestro futuro. Todo ello desde la lealtad, discreción y solvencia que siempre ha caracterizado al Cuerpo de Abogados del Estado. Cerremos filas, trabajemos juntos y defendamos nuestro escudo – que es la portada de este número de nuestra Revista. Nos unen muchas más cosas de las que pudieran llegar a separarnos. Demos a la Asociación y a este Cuerpo el impulso y el respaldo que merece. Es nuestra responsabilidad.

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La llegada del mes de septiembre nos trae el nuevo curso y, con él, los nuevos retos y objetivos que cada uno de nosotros nos marcamos con la ilusión de mejorar en lo que no acertamos en el curso anterior y de mantener lo que, de una forma u otra, demostró ser correcto.

 

No es ajena nuestra Asociación a este “espíritu” del nuevo curso que impregna el final del verano. Muchos son los retos que tenemos que seguir afrontando. El primero, y quizá el más importante de ellos, sea el de mantener nuestra esencia. Nuestro perfil técnico, asentado en una sólida formación jurídica. La unidad y lealtad entre compañeros, que ha vertebrado nuestro Cuerpo desde hace más de 135 años. Y, en todo caso, es necesario poner en valor que, con efectivos escasos, defendemos a la Administración del Estado con un éxito notable. Profesionales del derecho al servicio del interés general. La Asociación debe proteger estos valores e intentaremos desde el Consejo Directivo mejorar nuestra actuación cuando los mismos se vean cuestionados o comprometidos injustificadamente.

 

Debemos abordar, asimismo, la adaptación de la Asociación y de nuestro Cuerpo a un mundo en constante cambio y a una sociedad de la información en la que es necesaria una correcta política de comunicación que transmita lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser: profesionales preparados técnicamente, leales con nuestra labor y que, guiados por los principios de legalidad, unidad de doctrina y jerarquía, asumimos con orgullo una labor eficiente y discreta en la asistencia jurídica a nuestra Administración.

 

Ninguno de los retos y desafíos que nos rodean puede ser abordado desde una posición individualista. El concepto de la Abogacía del Estado como un equipo, es fundamental para que podamos seguir avanzando. No faltaran, ni han faltado, quienes han pretendido fomentar la división entre nosotros. El debate y la discusión en el seno de la Asociación siempre será bienvenido. Es sin duda un rasgo llamativo de nuestro Cuerpo el de su unidad en torno a estos principios comunes. Seamos, pues, capaces de dotar de su valor a la expresión “compañero”, tan común entre nosotros.

 

Esta unidad de nuestro Cuerpo, que se vertebra, entre otros medios, a través de la Asociación, ha quedado bien reflejada en varios acontecimientos celebrados recientemente: la presentación del Libro-Homenaje a Manuel Goded, la cena anual, las tertulias o la publicación de cincuenta números de esta Revista. Todos ellos son hechos objetivos que evidencian la cohesión de este Cuerpo. Asumamos nuestros valores y nuestros principios juntos. El nuevo curso es una buena ocasión para sentirnos orgullosos de nuestro pasado, responsables ante nuestro presente y deudores para transmitir nuestros valores hacia el futuro. Es algo que sin duda merece la pena.

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El 11 de noviembre de 1977 se celebró la Asamblea constituyente de nuestra Asociación y, transcurridos algo más de cuarenta años, celebramos el pasado 14 de diciembre la Asamblea General correspondiente al año 2018, en la que, además, renovamos parcialmente nuestro Consejo Directivo.

 

 Transcurrido ya un largo periodo desde la constitución de la Asociación, al albur de la renovación de nuestro Consejo y agradeciendo siempre la labor de todos los que han trabajado y trabajan en la misma, podríamos preguntarnos si se mantienen las razones que impulsaron su creación “para el fomento y defensa de los intereses profesionales y corporativos de los Abogados del Estado” (art.4 de los Estatutos).

 

 Como tuvimos ocasión de analizar en nuestra última Asamblea General, se mantienen todas y cada una de las razones que impulsaron la creación de nuestra Asociación, que presenta, como singularidad que nos parece más que notable, su unidad. No resulta ocioso recordar que, a diferencia de otros Cuerpos de nuestra Administración en los que coexisten distintas Asociaciones, en nuestro caso, desde su creación, siempre ha existido una única Asociación, en la que tienen cabida todos los compañeros que deciden formar parte de la misma, conforme a los principios de libre adhesión y baja voluntaria.

 

 El valor de la unidad en la Asociación, cualquiera que sea las acepciones que tomemos del término, nos lleva a trabajar desde la misma, buscando ese fomento y defensa de los intereses del Cuerpo de Abogados del Estado, que son la verdadera razón de ser que lleva a que seamos muchos los compañeros que permanecemos en la misma. Lógicamente, ese trabajo siempre está sujeto a la sana crítica de los compañeros, que son quienes conforman la base que pretendemos mantener y mejorar desde el Consejo Directivo. Escuchar, aprender e impulsar las acciones asociativas que tutelan nuestros intereses profesionales y corporativos deben ser las líneas de trabajo de nuestro Consejo.

 

 Las últimas elecciones al Consejo ponen de manifiesto que existe interés corporativo y que son numerosos los compañeros que quieren participar activamente en la Asociación. Así se apreció tanto por la presencia de numerosos candidatos, a los que agradeceremos siempre su predisposición, como en el número de votos emitidos, que determinó que fuera necesario un elevado número de sufragios para poder formar parte del mismo.

 

Llegados a este punto, afrontamos nuestra tarea sabiendo que son numerosos los retos por conseguir y que queda mucho por hacer. Pero lo hacemos desde la esperanza, entendida, como recuerda Václav Havel, no como la convicción de que las cosas saldrán bien, sino como la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar el resultado final. Para todos, desde nuestra unidad característica, lo que debe tener sentido es nuestra condición de Abogados del Estado con los valores que esta representa. Y, con esperanza, trabajar juntos por la consecución de dichos retos.

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Número 49
Esperanza

El 11 de noviembre de 1977 se celebró la Asamblea constituyente de nuestra Asociación y, transcurridos…

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Número 13
enero a junio 2006 - Especial CXXV aniversario - 2ª parte

El Estatuto de Autonomía de Cataluña.

La revista de la Asociación de Abogados del Estado, en su modestia, bien pudiera hacer como el mandatario chino Chu En Lai cuando, preguntado por una delegación de periodistas occidentales acerca de la opinión del Partido Comunista Chino sobre la Revolución Francesa, manifestó: “es un acontecimiento demasiado reciente; no tenemos perspectiva histórica suficiente para pronunciarnos sobre la Revolución Francesa”. Posiblemente no le faltase razón, mas los imperativos mediáticos de comienzos del siglo XXI seguramente nos obligan a decir algo, aunque sea poco, en relación con uno de los debates afectantes a la estructura territorial de España de más calado desde la Constitución de 1978, que ahora mismo ocupa la casi totalidad del espacio de la opinión pública española. Obviamente, se trata del proyecto de Estatuto de Autonomía de Cataluña, admitido a trámite recientemente por el Congreso de los Diputados.
No van a pronunciarse esta Revista ni la Asociación que la edita sobre el sentido del proyectado Estatuto, su orientación, su inserción en el ordenamiento constitucional, ni sobre pormenores de técnica jurídica. Pero sí podemos apuntar, desde el obligado distanciamiento profesional que, valga la paradoja, la revista se impone, algunas ideas generales que a cualquier jurista le suscita el texto ingresado en el Congreso. La mayor parte de ellas, por otro lado, carecen de originalidad, por haber sido apuntadas desde los más variados sectores de opinión.
Por de pronto, un dato, de hecho pero de consecuencias jurídicas de posible relevancia futura por mor del valor del precedente, es su falta de sustancia consensual. La aparente voluntad política mayoritaria que concitó su aprobación es, le pese a quien le pese, de índole exclusivamente territorial, sin extenderse ni un centímetro más allá de los límites de la Comunidad Autónoma a la que pretende regir. Un reglamento, una ley ordinaria, o una ley orgánica, incluso, pueden permitirse el lujo de la verticalidad, del partidismo, de la impronta ideológica. El precio a pagar es -siempre lo ha sido hasta ahora- el de su inmediata reforma o derogación cuando la reversibilidad de las mayorías parlamentarias ha operado. Pensamos, sinceramente, que un Estatuto de Autonomía de las características del que se proyecta no debiera permitirse el lujo de tan exiguo consenso. Prolongar mucho tiempo la cohabitación con demonios familiares de tan amargo regusto, como inevitablemente sucederá si las cosas siguen por la vía que parecen ir, no parece bueno para la salud de la cosa pública española.
La revista y la Asociación que la edita no tienen ideología, en el sentido fuerte del término, lo que no quiere decir -seguramente al contrario- que no gusten de reflexionar sobre la ideología de las normas.
Y no es descabellado decir que un excesivo lastre ideológico en una norma organizativa de tan alto rango como un Estatuto de autonomía, tan agobiante como el que transpira el proyecto de estatuto, posiblemente no sea tampoco bueno para una sociedad (¡Cataluña!) cuya sociedad civil aspira, o aspiraba, o aspiró, a ser vanguardia de libertad en una España hoy felizmente modernizada.
Los últimos años, de la mano del progresivo afianzamiento de las instituciones democráticas, los juristas nos hemos venido acostumbrando, insensiblemente, a trabajar -incluso en los más altos rangos normativos- con normas de portante preponderantemente instrumental, operativas, al servicio muchas veces de políticas determinadas pero no tributarias de un concreto designio ideológico, sino destinadas a servir de cauce o instrumento al pluralismo que la Constitución enmarca como uno de los valores superiores del ordenamiento. Es lógico, por ello, que esos mismos juristas sintamos, por lo menos, un notable desasosiego al contemplar un proyecto normativo de tanta enjundia como un Estatuto de autonomía en el que la palabra Cataluña -la nación catalana- aparece nada más y nada menos que cuatrocientas trece veces, en el que se atribuyen a esa nación facultades volitivas, sensitivas e intelectivas tales como ejercer, afirmar, convivir fraternalmente, ofrecer su amistad, definir hechos históricos, considerar lo que es España (cuatro veces, por cierto, aparece este nombre en el articulado, dos de ellas para referirse al Banco de España, pese a que lo que se entiende como España aparece aludido en muchas más ocasiones con el pudoroso sustitutivo de Estado), y, en fin, por qué omitirlo, determinar cómo debe ser memorizada la historia.
La reiteración de obligaciones, recordatorios, admoniciones, las innecesarias repeticiones en la plasmación de derechos -redundante las más de las veces con los establecidos en la Constitución, aunque con un fumus identitario cuando menos llamativo-, y, en general, el sesgo pactista o trufado de bilateralidad negocial en la definición de gran parte del ejercicio de las políticas y las competencias públicas, conforman un regresivo panorama que -no es aventurado decir- perturbaría quizás un tanto, entre otras cosas a las que no debemos aludir aquí, la intelección de nuestro Derecho público.
Sin duda alguna, la tramitación parlamentaria del proyecto estatutario será una buena ocasión para aunar las voluntades consensuadas y -por qué no- para que luzca el sentido del bien común en el perfeccionamiento y mejora de un Estado y de la nación que lo sustenta en los que nadie pueda sentirse extraño y en los que todos se sientan -nos sintamos- reconocidos y protegidos. Esperemos, con más o con menos convicción, que así sea.
Hecho el breve comentario que precede, la Revista de la Asociación de Abogados del Estado queda abierta, en éste y en los demás temas que más señaladamente afectan al devenir de nuestro país, al debate, al análisis y a la confrontación de opiniones en libertad.